Recuperemos la infancia
Una tarde cualquiera en el parque de Santomera. Los niños Cítrix están ahí, sentados en fila, rodeados de un tobogán, un columpio y un parque entero para jugar. Y sin embargo, ninguno juega. Esta es la historia de cómo mamá Vitrix decidió que ya era suficiente — y del aviso, muy serio, que lanzó después.
El parque en el que nadie juega
Detrás, el tobogán rojo y los columpios esperaban vacíos. Delante, un grupo de mamás Cítrix charlaba tranquilamente, con sus cestas de mimbre al hombro, sin percatarse de nada raro. Y en el suelo, en fila, los más pequeños de la familia: cada uno con la cabeza agachada y los ojos clavados en su propia pantalla. Nadie hablaba con nadie. Nadie se reía. Nadie jugaba.
La magia que les devuelve el juego
Mamá Vitrix se acercó con su cayado en alto, y sin decir una palabra, dejó que la magia hiciera el resto. Un remolino de luz dorada recorrió a cada niño, y donde antes había un móvil, apareció un balón de fútbol, una pelota de baloncesto, un osito de peluche, un coche teledirigido, una muñeca de trapo. Por un instante, todo parecía resuelto.
El susto de soltar la pantalla
Pero la reacción no fue la que mamá Vitrix esperaba. Los niños, ya con sus juguetes nuevos entre las manos, se quedaron con la boca abierta, asustados, casi en pánico — como si les hubieran quitado algo mucho más importante que un aparato. Ese susto decía más que cualquier palabra: algo no iba bien si un juguete de verdad daba más miedo que alivio.
Un mensaje para todas las mamás
Fue entonces cuando mamá Vitrix se giró hacia el grupo de madres, sacó un cartel, y dijo lo que llevaba tiempo callándose: "Queridas mamás: no se le puede quitar ni la inocencia ni la alegría de jugar a un niño. Y eso no se hace delante de la pantalla."
Y siguió, sin suavizar ni una palabra: "Es muy fácil darle un móvil a un niño para que se entretenga. Pero no se le da para que se entretenga, se da para que os dejen tranquilas. Y eso no es ni educar ni enseñar, es matar la infancia de vuestros hijos."
Si lo hace una... y si lo hacen todas
Mamá Vitrix sabía que ninguna madre quiere sentirse señalada, así que fue más allá: "Si una madre le quita el móvil a su hijo, puede tener un problema — el niño se siente el único diferente. Pero si todas las madres le quitan el móvil a sus hijos, es la solución." Y remató, con media sonrisa: "Lo que he hecho es porque todo lo que os he dicho lo sabíais perfectamente, y habéis preferido mirar para otro lado." Como premio — y como broma cariñosa — les puso a todas un sombrerito de "tonto del capirote" con su magia, bajo un cartel que lo resumía todo: "¡Recuperemos la infancia de nuestros hijos!"
El aviso final
Y entonces, la sonrisa de mamá Vitrix desapareció. Ya sin cartel, sin niños delante, mirando directamente al frente, se puso muy seria: "¿Cómo creen que hemos llegado a este punto en el mundo?" Y con un megáfono en la mano y el puño en alto, gritó lo que de verdad quería decir: "¡Despertar ya! Que ya es casi tarde. Que ellos no van a cambiar, nada, todo lo contrario."
No hacía falta explicar quiénes eran "ellos". El aviso de mamá Vitrix no iba dirigido a un niño en concreto, ni siquiera a una sola madre — iba dirigido a todos. Recuperar la infancia de los más pequeños empieza por algo tan sencillo, y tan difícil, como decidir hacerlo de verdad.
Continuará...